La inflación ha sido la variable que más le ha costado calibrar al Banco Central. De hecho, la ha tenido que ajustar en cada uno de los Informes de Política Monetaria que ha tenido que presentar. Esta vez, en el reporte de septiembre, pasó de 9,9% a 12% para el cierre de este año.
De acuerdo al informe, la inflación ha seguido aumentando, alcanzando el 13,1% anual en julio. “En los últimos meses continuaron destacando los aumentos de los precios de los alimentos —volátiles y no volátiles—, que explicaron casi un tercio de la inflación anual a julio. La inflación subyacente —IPC sin volátiles— subió hasta 10% anual, donde resaltó la mayor contribución de los servicios y los alimentos no volátiles. El alza de la inflación total nuevamente superó lo previsto. Tal como en junio, la sorpresa se concentró en los precios volátiles y los alimentos no volátiles”.
El BC explica que, a diferencia de trimestres previos, la mayor parte de la sorpresa inflacionaria de los últimos meses se relaciona con los precios de los alimentos y los volátiles. “La inflación acumulada entre marzo y abril —3,3 puntos porcentuales— fue significativamente superior a lo previsto en el IPoM de marzo”, dice.
Añade que “la descomposición de la sorpresa muestra que más del 90% de la diferencia provino de aumentos mayores a los previstos de alimentos, energía y otros componentes volátiles. Así, entre diciembre y abril, el precio de los alimentos —volátiles y no volátiles— incluidos en el IPC acumuló un alza de 10%, que se sumó al incremento de 7,7% en los precios de la energía y se compara con el aumento de 3,8% en la inflación subyacente descontados los alimentos no volátiles”.

Resalta que las sorpresas acumuladas en los precios volátiles y la depreciación reciente del peso explican buena parte de esta corrección. Para 2023, en promedio, la inflación proyectada es de cerca de 1 punto porcentual (pp) más alta que en junio, reflejando un TCR que se ubica entre 3 y 4% por sobre el nivel promedio del segundo trimestre.
Para el próximo año también ajustó al alza la previsión de los precios. Si en junio esperaba que a diciembre de 2023 se ubicara en 2,7%, ahora anticipa que se situaría en 3,3%. Y ya hacia 2024 recién la ve llegando a la meta del ente rector de 3%.
En el análisis del ente rector, el escenario central considera que la inflación convergerá a la meta de 3% dentro del horizonte de política monetaria de dos años. En la proyección, la inflación anual del IPC culminará 2023 en torno a 3,5%, llegando a 3% hacia el tercer trimestre de 2024. La inflación subyacente tendrá una convergencia más lenta hacia 3%, producto de la fuerte persistencia ya señalada y un TCR más alto. “Esta mayor persistencia inflacionaria requiere de una política monetaria más contractiva —en términos nominales y reales— que la anticipada en el IPoM anterior, como se resume en el nuevo corredor de la TPM del presente informe”.
Para el BC, en gran medida la convergencia de la inflación a la meta de 3% en dos años se basa en el supuesto de que la economía continuará ajustando los significativos desequilibrios que acumuló en 2021.
En este ámbito, para la proyección de la actividad económica subió el piso de la previsión para el PIB de este año pasando de 1,5% -2,25% a uno entre 1,75-2,25%, mientras que para el 2023 la ajustó más hacia la baja acentuando la caída de la economía: pasó de 0% a -1%, a un rango entre -1,5 y -0,5% y para 2024 la mantuvo en el rango 2,25% y 3,25% en 2024. “Para este trienio, la proyección contempla una trayectoria del gasto fiscal coherente con lo reportado en el último Informe de Finanzas Públicas”.

En el desglose del informe, el BC afirma que el consumo privado siguió reduciéndose desde los elevados niveles que mostró en 2021. De hecho, resalta que, en el segundo trimestre, descontada la estacionalidad, el consumo privado tuvo una caída de 2,4% trimestre contra trimestre, algo mayor a la prevista.
En ese contexto, precisa que este retroceso se concentró en los bienes, especialmente durables, coincidiendo con la fuerte depreciación del tipo de cambio real (TCR) y una significativa acumulación de existencias. “La trayectoria de ajuste del consumo se da en un contexto en que los salarios reales continúan contrayéndose, se ha ralentizado la creación de empleo y se ha ido agotando la liquidez remanente de las medidas de estímulo de 2021. Entre abril y julio el empleo a nivel agregado tuvo una escasa variación”, puntualiza.
En cuanto al empleo, comenta que la demanda por trabajadores ha perdido fuerza respecto de inicios de año, en tanto que la oferta sigue por debajo de los niveles prepandemia.
La formación bruta de capital fijo (inversión) continuó reduciéndose, en un escenario donde la incertidumbre es elevada y la confianza empresarial sigue deteriorándose. Así, descontada la estacionalidad, la inversión retrocedió 1% (trimestre/trimestre) en el segundo trimestre -7% (trimestre/trimestre) en el primer trimestre. Por componentes, destacó la marcada caída de maquinaria y equipos.
No obstante, “la confianza empresarial ha continuado con la tendencia decreciente que presenta desde comienzos de año, en especial en el sector de la construcción. Esto coincide con niveles de incertidumbre económica que prosiguen altos en comparación histórica, condiciones de acceso al crédito más restrictivas y altos niveles de tasas de interés de largo plazo”.
Pese a la reducción del consumo y la debilidad de la inversión, el déficit de la cuenta corriente — acumulado en doce meses— aumentó en el segundo trimestre, reflejando aún la magnitud de los desequilibrios de 2021, a los que luego se unieron un deterioro de los términos de intercambio y altos costos de transporte.

Tras la decisión de la Reunión de septiembre, la TPM se ubica en torno al nivel máximo que considera el escenario central de este IPoM: esto es 10,75%, y por ello, el BC afirma que “los próximos movimientos de la tasa dependerán de la evolución del escenario macroeconómico y sus implicancias para la convergencia de la inflación a la meta. El Consejo permanecerá especialmente atento a los riesgos al alza para la inflación, tanto por el elevado nivel que ésta ha alcanzado como por el hecho de que las expectativas de inflación a dos años plazo siguen por sobre 3%”.
La parte alta del corredor de TPM refleja escenarios de sensibilidad donde el problema inflacionario mundial hace necesaria una reacción más agresiva de la política monetaria a nivel global, particularmente de la Fed llegando incluso a niveles cercanos a 12%. “En un evento como este se observaría un fuerte deterioro de las condiciones financieras y del crecimiento mundial, con descensos marcados de los precios de las materias primas y una apreciación mayor del dólar”.
Además, menciona que “en un escenario donde la inflación interna y las expectativas permanecen elevadas, la depreciación adicional del peso haría necesaria una respuesta de la política monetaria más restrictiva que la del escenario central. Lo mismo ocurriría si, independiente de las presiones de costos del escenario externo, la dinámica inflacionaria local fuera más persistente producto de las elevadas expectativas inflacionarias de mediano plazo de hogares y empresas”.
En cambio, en la parte baja del corredor de TPM da cuenta de escenarios donde las presiones inflacionarias se reducen más rápido. “Esto podría ocurrir si la contracción de la actividad y la demanda es más intensa, producto de un ajuste más rápido del consumo privado y/o una mayor debilidad de la inversión, lo que también afectaría negativamente el desempeño del mercado laboral. Tampoco puede descartarse que en el escenario externo”.
Fuente: Pulso