Estructura actual está corroída por el paso del tiempo y la salinidad del ambiente.
«Estamos de luna de miel con mi señora», bromea el sargento segundo José Guzmán Barrientos, a cargo del faro Cabo Carranza, en la Región del Maule.
Con 20 años de carrera en esa especialidad de la Armada -varios de ellos sirviendo completamente solo en el extremo austral-, hoy suma 15 meses junto a su esposa en la costa de Constitución. «Ojalá me dejen unos tres o cuatro años. Tengo el privilegio de estar con la familia y tener más contacto con la civilización», dice.
Guzmán es el último marino que servirá en el faro construido hace 120 años. Las planchas de acero que le dan forma han sido corroídas por el paso del tiempo y la salinidad del ambiente, y hoy la estructura de 21,8 metros de alto es riesgosa para quienes la recorren. Por ello el Carranza será desmantelado y reemplazado por uno nuevo, el más grande (entre los habitados) que la Armada haya levantado desde el Punta Ángeles (Valparaíso), reconstruido hace 103 años.
El proyecto (ver infografía) preservará la principal característica del faro: de los 22 principales de Chile, es el único cuyo tronco es de forma piramidal. Los demás son cilíndricos.
«Lo vamos a intervenir manteniendo su línea para preservar su legado histórico y su conexión con la comunidad», explica el comandante James Crawford, jefe del Servicio de Señalización Marítima de la Armada, responsable de las más de 1.200 ayudas a la navegación del país. Alude así a una doble condición: el faro aparece en el escudo de Constitución y en el último verano fue abierto a turistas.
Situado en una zona costera recta y carente de referencias geográficas, el Carranza no solo orienta a los navegantes. También funciona como estación meteorológica, estación de radiotelecomunicaciones, centro de alerta y apoyo médico radial.
La nueva estructura, de acero impermeabilizado, costará $150 millones. «Nos interesa mantener este faro por otros cien años en una condición de seguridad tanto para la gente que lo opera como para quienes lo visitan», detalla Crawford.
Aunque está mucho más cerca de los centros urbanos, a diferencia de aquellos situados en el Estrecho de Magallanes o en el Cabo de Hornos, salir del Carranza no es tan sencillo. Si su esposa necesita viajar de urgencia a Constitución, explica el sargento Guzmán, tiene que caminar una hora hasta la carretera y esperar un bus que pasa cada una o dos horas.
Para los ratos libres tiene televisión, aunque a veces la conexión le juega malas pasadas. La final de la Copa América, por ejemplo, la vio a medias porque un fuerte viento interfería con la señal.
-¿Y pudo ver los penales?
«Al último sí, esos los vi. Con mi señora celebramos comiendo un queque».
Historia
El peor naufragio en Punta Carranza fue en 1856, el que afectó al vapor «Cazador» y dejó 458 muertos.
Fuente: El Mercurio