La Renovación de Nuestra Identidad
Sin duda alguna, hay una mayor conciencia en nuestra sociedad de conservar el patrimonio tras un largo período, en donde el único pensamiento imperante era derrumbar para construir. Los arquitectos y el empoderamiento ciudadano han sido protagonistas claves en demandar una mayor conservación de edificios de alto valor simbólico en beneficio de la ciudad.

No es sorpresa que exista gran interés por conservar nuestra historia como ciudad. Los barrios Yungay y Esmeralda, entre otros, han formado parte de una tendencia de revalorar el patrimonio para otorgarle un uso más digno. Sin embargo, este proceso se ha desencadenado a paso lento, porque aún se mantiene la tónica del pasado, deshacerse de lo aparentemente inservible o poco sustentable en términos económicos.
Si bien hay muchos casos en que la intención de otorgar una “nueva vida” a obras que estaban en deplorables condiciones ha sido cuestionada, lo cierto es que esta tendencia está cobrando impulso desde el mundo académico, instituciones ligadas a la conservación de obras y también la ciudadanía cada vez más informada e interesada en construcciones que otorgan un valor al lugar donde viven.
El arquitecto de la Universidad Católica de Chile y profesor de Patrimonio, Jorge Atria, señala que el problema sobre el escaso interés de preservar edificios antiguos con gran valor simbólico responde a un tema cultural más que técnico o económico, en donde prima el crecimiento vertiginoso y el consumismo exacerbado por sobre el cuidado de nuestra historia patrimonial.
Un hecho que marca esta antigua tendencia es el terremoto de 1985. “En aquella catástrofe se derrumbaron un centenar de edificios de alto valor patrimonial con el argumento que poseían daños estructurales irreparables. Años después, ingenieros han accedido a esos informes y se concluyó que no eran verídicos y que los resultados obedecían a intereses políticos y económicos que llevaron a que hoy en día no estén varios edificios, como el emblemático Portal Edwards”, indica Atria.
Después de esta experiencia, paulatinamente han surgido voces que reclaman por un mayor compromiso con la historia patrimonial. Se aprendió que el daño era irreparable y que los actuales edificios que reemplazan a los derrumbados, en muchos casos no aportan valor arquitectónico ni belleza en su contexto. La sociedad entendió la problemática y es por esto que ahora es mucho más difícil acabar con un edificio antiguo de valor patrimonial.
“Hay un gran trabajo del Consejo de Monumentos Nacionales en buscar todo lo que se pueda conservar. Las empresas privadas también son un aporte en la medida que la renovación de los edificios sea acorde al contexto. Vamos avanzando poco a poco, somos muy optimistas gracias a esta tendencia que viene a rectificar años de falta de cultura en torno a la conservación del patrimonio”, apunta Atria.
Trabajo en el Barrio

Los barrios típicos santiaguinos son los sectores que se han visto beneficiados con esta tendencia. En los antiguos sectores de Dalmacia, Yungay, Italia o Esmeralda, se ha logrado aprovechar la riqueza arquitectónica para transformarla en una oportunidad y para crear vida urbana a través de nuevos negocios como restaurants, cafés y tiendas.
Alejandra Rosas, periodista e impulsora del proyecto “Barrio y Diseño” del sector Plaza del Corregidor, señala que en un principio fue un proceso difícil, pues hace unos años atrás era una zona bastante peligrosa en donde abundaba la delincuencia y los edificios del sector estaban en total abandono o descuidados.
“Junto a mi socia Paulina Duarte empezamos con este proyecto que impulsaba la vida bohemia y la cultura. A pesar de la dificultad de renovar todo un sector que estaba descuidado, los vecinos apoyaron la iniciativa y ahora se han sumado varios interesados en hacer negocios en este sector de gran valor arquitectónico”, manifiesta.
Sin embargo, reconoce que hay un tema de recursos que siempre juega en contra de estos proyectos, destacando de paso el apoyo de la Municipalidad de Santiago, actor importante en el impulso del barrio.
“Finalmente los vecinos valoran esta iniciativa ya que cada vez más demandan identidad patrimonial. En definitiva, renovamos todo el Sector de la Plaza del Corregidor que estaba en una situación crítica de abandono y otorgamos calidad de vida a sus vecinos e interés turístico”.
La oportunidad de los hoteles boutique

Otro gran nicho que han sabido aprovechar los arquitectos son los edificios antiguos para los llamados hoteles boutique. Enfocados en una atención más personalizada, éstos se han convertido en los preferidos por turistas extranjeros que valoran la recuperación de casonas de gran valor histórico.
El lujoso hotel The Aubrey, el primer establecimiento en entregar un servicio “boutique” y también uno de los primeros que dio inicio a esta renovación de espacios perdidos en el sector, realizó un gran trabajo de reconstrucción de la conocida casona ubicada en Barrio Bellavista, en los faldeos del Cerro San Cristóbal.
Construida en la década de los 20, la mansión fue un importante centro de discusión política de la época, en la cual su dueño, Domingo Durán Morales, fue un influyente político y hombre de negocios del rubro de los ferrocarriles. Sin embargo, desde 2001, la mansión quedó en total abandono por lo que el daño se fue acumulando a través de los años.
Mark Cigana, empresario australiano decidió comprar el sitio y restaurarlo para dar origen a The Aubrey Hotel. Junto a los arquitectos Alejandro Valdés y Cristóbal Amunátegui empezaron la restauración que tardó más de tres años.
“Fue un proceso largo y difícil dadas las condiciones en que estaba, pero fue una preocupación constante de los arquitectos mantener dentro de lo posible el estilo de la mansión, lo que nos ha hecho destacar en el mundo como un hotel distinguido, y eso lo valora la gente que nos visita”.
Además, reconoce que la restauración de la mansión fue el impulso inicial para revitalizar el sector que se encontraba también deteriorado. No es de extrañar que muchos restaurants, cafés y pubs se hayan sumado a la iniciativa de renovación que le dio vida a un barrio que estaba a punto de caer producto de la delincuencia y el poco cuidado de sus obras.
Desafíos

Si bien la renovación de los edificios está destinada a un uso comercial, lo importante es que se está aprendiendo de los errores del pasado. Aún así, quedan casos emblemáticos por resolver como el abandonado Palacio Pereira, ubicado en calle San Martín con Huérfanos, en pleno centro de Santiago.
Después de varios años de rechazo de proyectos por parte del Consejo de Monumentos Nacionales y otros problemas judiciales entre quienes querían adjudicarse el terreno y el edificio, la obra quedó en desuso y por ende, su actual situación es de un evidente deterioro tras 30 años de abandono.
“Se presentó un proyecto arquitectónico el que fue aprobado por el Consejo, pero nosotros y el Colegio de Arquitectos nos oponíamos determinantemente, lo cual paralizó el proyecto y el Estado decidió comprar el edificio. Finalmente se va a recuperar ese edificio y estamos a la espera de la licitación, lo que nos tiene bastante orgullosos porque finalmente se va a recobrar un edificio de valor patrimonial incalculable”, manifiesta el docente Jorge Atria.
Además del impulso que pueda generar las empresas privadas, el arquitecto explica que es imperativo un cambio de ley del Consejo de Monumentos que data de 1970. “Es una ley obsoleta en muchos sentidos que no establece compensaciones adecuadas con las personas que poseen patrimonio, por lo que los cambios también van a determinar la manera de conservar apropiadamente los edificios patrimoniales y de esta manera evitar decisiones erradas que van en desmedro de la propia ciudad”.

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No sólo los edificios con valor patrimonial, como Espacio M que se emplaza en el antiguo edificio del diario El Mercurio, o el edificio de Aguas Andina, que utiliza parte de la ex cárcel de Santiago en su fachada, han seguido esta tendencia de reciclar para transformarse en un aporte a la ciudad.
La Caja de Compensación Los Héroes, decidió remodelar sus dependencias, modernizándolas y dándole un aspecto más amigable. Para ello encargaron a la oficina Murtinho y Asociados Arquitectos la remodelación del inmueble ubicado en calle Holanda 64, Providencia, resolviendo de buena manera los 6 pisos originales, haciendo funcionar en ellas la dotación de aproximadamente 120 personas definidas por el mandante.
El proyecto consistió en darle una nueva piel al edificio utilizando paneles de vidrios de colores. Los que adicionalmente ayudan a impedir el ingreso de los rayos UV y la radiación directa,aportando a un considerable ahorro de energía.











