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Pueblito de los Domínicos: Artesanía Viva

enero 11th, 2017 | by Mauricio Escalona
Pueblito de los Domínicos: Artesanía Viva
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Los asentamientos urbanos, así como un ser vivo, experimentan situaciones que los someten a constantes cambios. Es difícil encontrar lugares dentro de esta jungla que conserven su encanto inicial, sin que haya variado su entorno o su gente. No obstante aún se pueden contar con los dedos espacios que luchan por mantener su identidad incólume, sin demostrar las arrugas que el tiempo les ha dejado, o que la modernidad ha impregnado en sus alrededores. 

Por Nathaly Lepe D. / Fotografías Mauricio Escalona Photography

Ubicado en el histórico sector colonial de Los Domínicos, el Pueblito es un espacio que nació en los años 80 para albergar a artesanos y artistas que pudieran mostrar y vender sus obras. Un lugar que parece sacado de una novela costumbrista, con ese encanto y aura que le impregna el arte y la artesanía, que acá convive con una ciudad cada vez más ajetreada.

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A este lugar encantador, en el que artesanos muestran su trabajo, aún no ha llegado el concreto. Una suerte, porque caminar por sus pasajes  permite sumergirse en una visita sensorial que hace recordar los pequeños pueblos de Chile.

Convertido en Zona Típica y patrimonial, el Pueblito de Los Domínicos sigue siendo un muy buen paseo para realizar en familia cualquier día de la semana. De fácil acceso, se conecta con el resto de Santiago gracias a la Línea 1 del Metro. Para llegar hasta él (Avda. Apoquindo #9085) sus visitantes se deben bajar en la estación Los Domínicos y sólo caminar hacia las cúpulas de cobre de la iglesia San Vicente Ferrer, que enmarcan el camino y dan la certeza de que se va en buen camino hasta este mágico lugar.

DESDE EL FUNDO APOQUINDO

El Pueblito es parte del parque de Los Domínicos, lugar que conecta los barrios del oriente de Las Condes con algunos sectores de la comuna de La Reina. El parque nace con la subdivisión del Fundo Apoquindo y su nombre deriva de la  iglesia San Vicente Ferrer ubicada en la plaza, perteneciente a la orden de los dominicos.

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A fines de la década de 1970, este sector tradicional, comienza a verse invadido por  algunos artesanos que se instalan en el sector norte del parque, dando paso a lo que actualmente identificamos como el Pueblito de Los Domínicos.

Con el paso de los años, el sector comenzó a tener gravitancia intercomunal y turística, transformándose en uno de los destinos más visitados por los extranjeros en Santiago.

Esta importancia, dada además por el auge y crecimiento de las comunas aledañas y del desarrollo de mejoras viales, se debe en gran parte a que en los diferentes locales pueden encontrarse productos propios de diferentes áreas del país.

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ADOBE COLONIAL EN LA DÉCADA DE LOS ‘80

Gracias a una iniciativa privada, la década de los ‘80 vio nacer este espacio que se materializó buscando aprovechar las antiguas construcciones de establos y bodegas emplazadas en la zona.

En este espacio fue levantado con una arquitectura simple y en adobe. En un principio recibió el nombre de  “Los graneros del Alba”. Luego de la declaración de esta zona como patrimonial, este sector se ha desarrollado en función de su crecimiento artesanal y artístico.

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En la actualidad existen allí más de 160 puestos de artesanías tradicionales y además entrar en contacto directo con los trabajadores y disfrutar de cómo éstos realizan sus obras de tallado en madera, orfebrería retablos pintados, vidrio soplado, cerámica, metales, esculturas, pintura y textiles.

RECORRIDO

Adentrarse en este laberinto de arte vivo es una gran tarea. Hay mucho para ver, escuchar y oler partiendo por la Calle de las Flores, donde el local que ofrece maceteros, plantas, hierbas y flores da la bienvenida. Desde allí se puede disfrutar de una pileta de agua rodeada de flores, que da la bienvenida a los visitantes.

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Para continuar el recorrido, se debe atravesar el riachuelo que circula a través de todo el Pueblito. De allí se avanza directamente hacia la pajarera, un atractivo para los niños que van al lugar. De allí en adelante lo recomendable es sólo dejarse llevar por los instintos y avanzar hacia donde el estado de ánimo o el día los lleve.

En el pueblito existe una gran cantidad de locales con variedad de técnicas artesanales. Se puede encontrar un local que trabaja con frutas seccionadas e incorporadas a diversos artefactos. Es posible también encontrar locales con carteras de cuero, chalecos y objetos artesanales con modelos exclusivos que sólo se pueden encontrar en este lugar.

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La Plaza Mayor es la primera detención de este recorrido. Allí se dispone un  amplio espacio con bancas para sentarse, descansar y comer algo en los restaurantes y cafeterías del lugar.

El recorrido natural lleva hacia la Plaza del Torreón, que se rodea de locales de cuadros y artesanía en cobre. Desde acá se puede ingresar a la Sala de Exposiciones, que alberga una una muestra de cuadros y un Jardín de bonsái y árboles en miniatura.

Finalizando el recorrido se encuentra la Calle del Barrio Antiguo, que destaca por un imponente horno en el que se cocinan reconocidas empanadas.   

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Pero en este lugar, no todo es sobre el recuerdo, la artesanía, el arte y la arquitectura. La gastronomía, también tiene un lugar preponderante. Entre mesas al aire libre y un aroma que recuerda las tardes de verano en el campo se encuentran los lugares de comida tradicional, que invitan a hacer una pausa para deleitar el paladar.

EN LA HISTORIA DE CHILE

La historia de este lugar lleva consigo a grandes personajes. En 1544 Pedro de Valdivia entregó estas tierras a Inés de Suárez, las que luego sucedieron varias veces por distintas vías, a varias familias. Durante la Independencia, este lugar fue uno de los preferidos por Manuel Rodríguez para esconderse, y más adelante Barros Arana, Balmaceda y otros más ocuparon estas tierras con los mismos fines.

Luego de una gran cantidad de traspasos de propiedad, estas tierras quedaron en manos de la familia Cranisbro, luego que fuera comprado por Antonia Portusagasti, esposa de Juan Cranisbro. La familia alhajó la propiedad y construyó la iglesia en memoria de sus hijos muertos en la infancia.

A la muerte de esta familia, la casa patronal y la iglesia fueron entregadas a la orden de Los Dominicos a condición que fundaran una casa de ejercicios para los campesinos del lugar. Las propiedades pasaron definitivamente a ser propiedad de los sacerdotes en 1834, luego de varios litigios de propiedad.

Durante la Patria Vieja fue refugio de patriotas, lo mismo que se convirtió en la revolución de 1891 para los perseguidos políticos.

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